No cabe duda que nos encontramos quizá en el comienzo de una nueva revolución tecnológica, basada en el Internet de las Cosas (IoT).

Desde coches a electrodomésticos, a la agricultura, o en las ciudades inteligentes, ya hay más de 16.000 millones de dispositivos conectados, y el número no para de crecer.
Para que podamos aprovechar esa revolución, hay ciertos aspectos que debemos tener en cuenta.

  • Liderazgo: las empresas necesitan líderes que impliquen a todas las áreas de la empresa en un trabajo colaborativo.
  • Innovación: ser ágil y adaptarse a un ecosistema cambiante.
    Cambios en los diseños de productos y servicios: cada vez más, el producto es una forma de ofrecer un servicio adicional.
  • La nube es fundamental: podemos considerarla como el cerebro y el sistema de control necesario para todo el ecosistema de IoT.

Utilizar los datos para dar una experiencia personalizada al usuario: el camino es entender como los usuarios hacen uso de esos servicios y ofrecerles una experiencia completa.
Imaginemos unas zapatillas para correr que recolectaran datos de cada salida realizada, distancia recorrida, tipo de terreno, etc., y que, cuando estuvieran desgastadas, se comunicaran con el fabricante o nuestro suministrador habitual, lo que le permitiría hacernos una oferta personalizada justo cuando lo necesitamos.
Podemos imaginar, o podemos soñar el futuro, pero el IoT estará allí, y estaremos conectados a él.